
Un día se da cuenta de que estira el brazo para leer el celular. Después de que la letra del menú del restaurante es demasiado pequeña. Y de que en la penumbra ya no lee nada. Bienvenido a la presbicia, que llega puntual entre los 40 y los 48 años a casi todo el mundo.
Qué está pasando dentro del ojo
Para enfocar de cerca, el cristalino cambia de forma: se abomba. Ese cambio lo permite su elasticidad, y la elasticidad se pierde con los años. No es que el ojo se enferme: es que un tejido que era flexible deja de serlo.
Por eso le pasa a todo el mundo, incluso a quien nunca ha usado gafas. Y por eso no se puede prevenir con ejercicios, vitaminas ni «descansando la vista».
El mito de aguantarse
Hay una idea muy extendida de que usar gafas para leer «acostumbra mal al ojo» y acelera el problema. Es falso. La presbicia avanza a su ritmo, use o no use gafas. Lo único que consigue aguantándose es dolor de cabeza, fatiga y peor calidad de vida.
Qué opciones hay
- Gafas de lectura. Lo más sencillo si solo le molesta de cerca.
- Progresivos. Corrigen lejos, distancia intermedia y cerca en un lente sin línea visible. Requieren unos días de adaptación.
- Lentes de contacto multifocales. Una opción para quien no quiere gafas.
- Cirugía. En pacientes seleccionados, sobre todo si además hay catarata, existen lentes intraoculares que abordan la presbicia.
Ojo con esto
Si además de la dificultad para leer nota que ve turbio de lejos, que los colores se apagan o que le encandilan las luces de noche, ya no está solo ante una presbicia. Puede haber una catarata empezando, y eso sí requiere valoración.
Otro detalle: si la presbicia le llegó antes de los 38 o avanza muy rápido, vale la pena descartar otras causas.
¿Le pasa algo de lo que leyó aquí? Puede consultarlo en óptica o en consulta oftalmológica, o escribirnos directamente por WhatsApp.
Aviso importante
Este contenido tiene fines educativos y no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico. Si tiene síntomas, consulte con un oftalmólogo.
